Empieza mirando.
Antes de decidir, observa qué te apetece y qué está disponible.
Una línea flexible para encontrar pequeños momentos de atención alrededor de la pausa.

Antes de decidir, observa qué te apetece y qué está disponible.
Haz sitio para sentarte, aunque la pausa sea breve o sencilla.
Una diferencia pequeña puede devolver curiosidad a una pausa conocida.

El ritmo de una pausa puede ser una pausa dentro del ritmo de todo lo demás.
Guarda una observación agradable y deja el resto para otro día.
Puede ser dejar una esterilla lista, despejar el día o recordar que no todo tiene que resolverse de una vez.
Una práctica larga por marcas del día. No necesitas cumplirlas todas: elige el tramo que encaje ahora y déjalo completo.
Antes de la primera tarea, estira brazos hacia arriba y exhala bajándolos. Nota si el cuerpo pide más luz o más apoyo.
Levántate, camina hasta otra habitación y vuelve. En el trayecto, cuenta solo cinco pasos con atención plena.
Siéntate un minuto con los pies firmes. Inhala cuatro tiempos, exhala seis. Repite tres veces sin juzgar el resultado.
Anota mentalmente una sensación agradable del día. Deja el resto sin resolver y prepara solo una idea pequeña para mañana.